

Opinión. Por una medicina sin apellidos
Del III Congreso Nacional de Homeopatía, celebrado en Valladolid, destacaría sobre todo que se ha puesto de manifiesto la progresiva integración de la homeopatía en la comunidad médica. La homeopatía se ha hecho presente en colegios de médicos, universidades, centros de salud, hospitales y, por supuesto, en las revistas médicas indexadas de investigación.
Aunque sorprenda a algunos, la medicina homeopática tiene una vocación científica. Los médicos que la practican comparten observaciones, que idealmente se sistematizan en forma de estudios rigurosos para avanzar en el conocimiento y práctica de esta disciplina.
De hecho, la homeopatía ya nació como fruto de la investigación: una hipótesis de trabajo (teoría de la similitud) creada a partir de los trabajos científicos de la época (quina en la malaria de Cullen, vacuna de Jenner, etc.), la experimentación (de los efectos de los medicamentos desarrollados, que se llamaba proving) y la verificación (registro sistemático de los resultados de la aplicación clínica).
Hoy día sabemos que la similitud no se cumple siempre (por lo que no puede llamarse "ley") pero sí para una multitud de sustancias. Por ejemplo, el ácido acetil-salicílico es antiagregante a dosis ponderales convencionales, pero preparado homeopáticamente (diluido y dinamizado) se vuelve proagregante.
Hoy también sabemos que para que la descripción de síntomas objetivos y subjetivos producidos por una sustancia (que pueden potencialmente ser curados por ella al prepararla como medicamento homeopático), es más fiable cuando se utiliza el método del ensayo clínico contra placebo, aleatorizado y en ciego. El resultado se puede encontrar en las bases de datos reconocidas (Medline) bajo el nombre de Homeopathic Pathogenetic Trials.
Asimismo, hoy por hoy sabemos que para que los médicos y las autoridades sanitarias acepten un medicamento, éste debe demostrar que es seguro y que es eficaz. Para proteger a la población, se le pide demostrarlo bajo condiciones altamente controladas (ensayos clínicos), pero la conclusión es que los resultados no siempre coinciden con los que posteriormente se observan a pie de cama con circunstancias muy variables.
De ahí que apliquemos la Medicina Basada en la Evidencia: comprobar, analizando los estudios realizados y el nivel de evidencia que se obtiene de ellos, cuánto puede nuestro paciente, en su situación específica, beneficiarse del medicamento (grado de recomendación).
En homeopatía, el número de ensayos clínicos realizados es creciente, pero el nivel de evidencia a la hora de demostrar que un medicamento es útil para una patología específica se nos resiste. Es así porque el tratamiento no se basa sólo en el diagnóstico, sino en la integración de diferentes síntomas objetivos y subjetivos del paciente y en relación no sólo con el motivo de consulta sino con su comorbilidad y circunstancias vitales.
De este modo, pueden ser prescritos muchos medicamentos diferentes para el mismo problema, y además pueden cambiar a medida que los síntomas evolucionan. Hoy día, no obstante, también contamos con una herramienta de investigación llamada ensayo farmacoepidemiológico/farmacoeconómico, que he presentado en el congreso junto a algunos ejemplos.
Se trata de objetivar el impacto real de varias estrategias terapéuticas sobre el sistema de salud, comparando su interés terapéutico y su coste, porque es necesario racionalizar su consumo y priorizar la asignación de los recursos. Estos estudios observan de forma neutral qué ocurre en el abordaje de una patología bajo una circunstancia (un protocolo, un área geográfica, la utilización de una vacuna ) comparado con otra(s), en condiciones reales: cualquier paciente, cualquier comorbilidad, cualquier situación demográfica o estilo de vida particular.
Se comparan cómo han evolucionado los grupos desde el punto de vista clínico, pero también su satisfacción (y/o la de sus médicos) y los costes generados. Estos estudios resultan tremendamente útiles a la hora de demostrar resultados en homeopatía, porque la evaluación se hace sobre la situación real que viven los médicos y sus pacientes, evitando la atomización producida por el control impuesto en los ensayos clínicos.
Además, obvia la dificultad de las diferentes formas de abordar los casos y de la prescripción simultánea o secuencial de diferentes medicamentos; a menudo no es posible protocolizar en homeopatía (o se protocoliza a expensas de perder alguna efectividad) lo cual supondría un problema en un ensayo clínico aleatorizado (RCT) pero no en este tipo de estudios.
En particular, Boiron ha impulsado en Francia varios estudios que comparan el abordaje de diferentes patologías (en el congreso se han presentado estudios en ansiedad, bronquiolitis y rinofaringitis recidivante) por médicos generales homeópatas y no-homeópatas.
Los resultados muestran cómo ambos grupos de médicos prescriben tanto medicamentos convencionales como homeopáticos u otros tipos de terapias (obviamente lo hacen en proporción diferente), lo que habla de la compatibilidad y sinergias entre ambos tipos de medicamentos.
De forma global, diría que los resultados en términos de efectividad clínica y de satisfacción son similares o discretamente mejores para la homeopatía en las patologías escogidas (no comentaré los costes, dado que al no estar los tratamientos homeopáticos reembolsados en España, este análisis no es extrapolable).
Sin embargo, la prescripción de psicotrópicos para la ansiedad, la prescripción de antibióticos y corticoides en la bronquiolitis y la prescripción de antibióticos en las rinofaringitis recidivantes del niño son menores en los grupos tratados por homeópatas. La homeopatía facilita, por tanto, el respeto a las directrices marcadas por las autoridades sanitarias a este respecto Pero, sobre todo, reduce las interacciones medicamentosas, los efectos secundarios y el desarrollo de resistencias.
Es una línea de trabajo joven pero prometedora, y Laboratorios Boiron sigue impulsándola a través de otros 4 estudios farmacoepidemiológicos de gran alcance que finalizarán en 2009. Con ellos, con un esfuerzo continuado desde esas otras áreas de investigación que se han comentado, con un lenguaje más transparente y una actitud más abierta, y con el diálogo entre compañeros médicos y autoridades, no me cabe duda de que la integración está al alcance de la Medicina, sin apellidos.
Director Médico de los Laboratorios Boiron







